
Para planificar con éxito la impermeabilización en edificios existentes, el paso previo fundamental es el diagnóstico. Antes de aplicar cualquier producto, es necesario definir tres parámetros clave:
- El tipo de patología: identificar si el origen del problema es una humedad por infiltración directa, penetración de agua de lluvia, condensación o capilaridad.
- La naturaleza del soporte: analizar si se va a intervenir sobre un paramento cerámico, pétreo, un estuco o un revestimiento de pintura.
- La ubicación de los puntos conflictivos: localizar las zonas singulares o discontinuidades que están originando la entrada de agua.
Puntos críticos en fachadas
En los paramentos exteriores expuestos, el agua suele encontrar vías de entrada a través de elementos específicos de la envolvente que requieren un tratamiento singular:
- Petos, remates, aleros y cornisas.
- Huecos de ventana, vierteaguas, anclajes y soportes.
- Encuentros entre diferentes materiales constructivos.
- Juntas estructurales y de dilatación.
- Zócalos, zonas de salpicaduras, canales y bajantes.
Puntos críticos en muros
En el caso de muros (especialmente los enterrados o estructurales), las patologías suelen concentrarse en las discontinuidades del propio proceso constructivo:
- Juntas de unión entre las diferentes fases de la obra (por ejemplo, el encuentro entre losas y muros).
- Juntas de hormigonado.
- Falta de material por discontinuidad o fallos en la masa del hormigón.
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