
En edificios existentes, la impermeabilización es una intervención correctora y preventiva esencial. Su objetivo es solucionar las patologías en curso derivadas de la exposición climática y evitar deterioros futuros que comprometan la seguridad del inmueble.
Actuar sobre una envolvente ya construida aporta ventajas técnicas y económicas inmediatas:
- Protección estructural: detiene de raíz la progresión de patologías graves como grietas, corrosión de armaduras o desprendimientos de materiales.
- Reducción de costes de mantenimiento: corregir las humedades a tiempo alarga la vida útil del edificio y evita derramas o reparaciones críticas de un coste muy superior.
- Optimización de la eficiencia energética: un aislamiento térmico húmedo pierde sus propiedades. Al mantenerlo seco, se optimiza el consumo energético y se reduce la demanda de climatización.
- Mejora de la calidad del aire interior: elimina de forma definitiva los focos de humedad que propician la aparición del moho y hongos, garantizando la salubridad de las viviendas.
- Cumplimiento normativo: ayuda a que el inmueble se adapte a las exigencias vigentes de habitabilidad, un punto clave para superar inspecciones técnicas de edificios.
- Conservación del valor patrimonial: mantiene la estética de la fachada intacta y evita la devaluación económica del inmueble en el mercado.
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